Hoy es fácil escuchar a cualquier persona, bien intencionada y mejor preparada, decir que tanto para el matrimonio, como para nuestros hijos, aún incluso para nuestras mascotas, lo mejor es tener momentos de calidad.
Es decir, es mejor poco tiempo pero intenso, que mucho tiempo pero relajado.
Si hablamos del matrimonio y de los hijos, la explicación o más bien justificación radica en el ritmo de nuestra vida, que absorbe tiempo en el trabajo, en el gimnasio, con los amigos, con nuestros momentos íntimos es los que nuestr@ compañer@ debe respetar pues se trata de mi intimidad, etc...
Pero si hablamos de nuestra relación con Nuestro Señor, creo que la premisa (que tampoco me vale para el matrimonio y para los hijos... pues podemos renunciar a muchas de las cosas que nos ocupan el tiempo y estar juntos, de modo que todos los momentos sean de calidad, y no solo los programados) no es válida.
Decía el Salmista, mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos, invocando de este modo el anhelo por estar en la casa de Dios.
No me gusta mucho la idea, sutilmente introducida actualmente en nuestras liturgias cúlticas, de "motivar" desde la alabanza para estar en la presencia de Dios, como un momento único en el que sentirnos cerca del Señor; tampoco en la "motivación" desde la predicación para realizar inmediatamente un llamamiento (o llamado...) en el mismo sentido. Esto puede satisfacernos a nosotros, pero no a Él.
Creo que nuestro anhelo por estar en intimidad con el Señor debe ser diario y continuo, en cada circunstancia, en cada paso, en cada instante...
No veo que podamos tener momentos de calidad en nuestra relación con el Señor, tendremos momentos en los que su revelación cambie nuestra vida, pero precisamente una revelación basada en una relación íntima con Él, y no el producto de ofrecerle unos momentos expresamente dedicados, y el resto de nuestro tiempo alejados de Él.
Deseo, y aún fervientemente, estar cada día más cerca, tener cada día mayor intimidad, aprender y enseñar a aprender a los míos (que son todos...), por difícil que humanamente nos pueda parecer.
Desde el centro de Andalucía, ¡salga el sol por Antequera!
Algunos "líderes" de renombrado carisma son capaces de hacer el pino con las orejas con tal de motivar al resto de la iglesia. No hay mejor motivación que recordar el precio que Cristo pago para que pudiésemos estar en Su presencia.
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